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Riñón y corazón: un dúo inseparable hasta la muerte

Publicado hace 14 días por Un ensayo para mí

La enfermedad renal crónica envejece al corazón y causa infartos cardíacos y cerebrales. Descubre por qué es preciso prestarle atención a las enfermedades cardiovasculares, además de al riñón.

La enfermedad renal crónica envejece al corazón y causa infartos cardíacos y cerebrales. Conocé por qué es preciso prestarle atención a las enfermedades cardiovasculares, además de al riñón.

El riñón no emite señales preocupantes cuando empieza a funcionar mal, pero las consecuencias de sus problemas para filtrar impurezas llegan más temprano que tarde al corazón. 

Aunque la enfermedad renal suele empeorar progresivamente, la mayoría de los pacientes renales no muere a causa de las dificultades del riñón sino por los problemas cardiovasculares que se asocian a ellas. A pesar de esto, pocos pacientes renales saben que la enfermedad cerebral vascular (stroke, en inglés) o el infarto de miocardio son una amenaza para su vida que debería ser tratada antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.

Mientras el riñón es, básicamente, una máquina que filtra desechos tóxicos de la sangre, el corazón es un músculo que bombea sangre al organismo y, con ella, lleva oxígeno y nutrientes a las células de todo el cuerpo. Ambos órganos son indispensables para vivir y cuentan con una red de vasos que conducen sangre u otros líquidos (como la orina) hacia distintas áreas del organismo. Su vínculo de dependencia esencial durante la vida se complica en la enfermedad. 

La función silenciosa del riñón

Existen dos riñones en el cuerpo, cada uno del tamaño de un puño y la forma de un frijol, ubicados a cada lado de la columna vertebral, en la parte posterior del abdomen.  Los riñones eliminan los desperdicios de la sangre y el exceso de agua (en forma de orina) y ayudan a mantener el  balance entre distintas sustancias químicas, como el calcio, el fósforo y la sal. Además, los riñones producen hormonas que regulan la presión arterial y también colaboran en la producción de glóbulos rojos.

Para eliminar la “basura tóxica”, el riñón tiene un sistema de filtrado que incluye mini tubos que llevan  sangre y otros que envían orina por la uretra hasta la vejiga, donde se almacena hasta su eliminación fuera del cuerpo. Cada riñón recibe sangre bombeada por el corazón  a través de una arteria y la hace circular por pequeñas arterias internas para “seleccionar” lo que sirve y lo que no. Tras el proceso de filtrado de sustancias, algunas se reincorporan a la sangre y vuelven al corazón a través de la vena cava,  y otras se eliminan con la orina.  

Cada día los riñones filtran unos 180 litros de sangre y eliminan entre 1 y 2 litros de orina con desechos de los procesos realizados por el organismo. Entre los residuos metabólicos, se destacan la creatinina, la urea, el amoníaco, el sodio, el potasio y el fósforo. Las proteínas y las células de la sangre (glóbulos rojos y blancos) no pasan generalmente a través del filtro del riñón y vuelven a la sangre.

Cuando hay una alteración renal, una persona puede no percibir síntomas al principio, pero un análisis de sangre o de orina revelan las dificultades de filtrado. También la hipertensión  puede ser una señal. Pero muchas veces, la enfermedad renal se mantiene silenciosa y sólo se descubre después de un infarto. 

Enfermar del riñón, morir de un infarto

Los nefrólogos suelen ocuparse de los trastornos del riñón, mientras que los cardiólogos se enfocan en los del corazón. Si bien existen tratamientos para mejorar las alteraciones que sufren los riñones, por un lado, y el corazón, por el otro, faltan medicamentos que apunten a ambos trastornos juntos.  

Los pacientes que padecen una enfermedad renal crónica tienen más riesgo de morir por un ataque cerebral o cardíaco que quienes tienen sus riñones sanos. En la fase 3 de la enfermedad renal crónica (cuando el déficit de filtrado es moderado), el riesgo de muerte cardiovascular se duplica. En la fase 4, el riesgo se triplica. 

Pero los infartos se presentan de forma atípica en los enfermos renales: sin mayor dolor, sin elevación del segmento ST en el electrocardiograma ni otros síntomas. Por otra parte, aunque los enfermos renales suelen tener aterosclerosis en sus vasos sanguíneos, no siempre tienen el colesterol elevado. Finalmente, no se le suelen hacer estudios de contraste para evitar la toxicidad sobre el riñón, por lo que muchas veces no se detectan arterias coronarias tapadas hasta que el paciente tiene un infarto. Así, los infartos de corazón o cerebro causan la muerte de pacientes antes de que su enfermedad renal avance hasta estadios terminales. 

Alrededor del 20% de los pacientes con enfermedad renal padecen arritmias, es decir, alteraciones del ritmo cardíaco que pueden llevar a una muerte súbita, especialmente en quienes reciben diálisis. También la insuficiencia cardíaca se presenta en forma concomitante con la enfermedad renal crónica, al menos en la mitad de los pacientes. Los enfermos renales suelen, por otra parte, tener problemas graves en sus válvulas cardíacas. 

En cualquier caso, a medida de que la función del riñón se deteriora, empeora la función cardíaca. Los problemas renales envejecen al corazón y la mayoría de los pacientes renales mueren por un infarto, una apoplejía o un derrame cerebral antes de necesitar un trasplante de riñón. De ahí la importancia de prevenir enfermedades cardiovasculares en etapas tempranas o intermedias de deterioro renal.  

Ensayo clínico para pacientes con enfermedad cardiovascular y renal crónica que residan en México

Este estudio evalúa la eficacia del ziltivekimab, un nuevo tratamiento que podría evitar la inflamación del corazón y los riñones para reducir la posibilidad de sufrir un nuevo episodio cardiovascular.

Personas con antecedentes de evento cardiovascular (como enfermedad coronaria, infarto del miocardio o accidente cerebrovascular) que además presenten enfermedad renal crónica pueden postularse para participar de este ensayo clínico en Fase III que tiene como objetivo comprobar la eficacia del ziltivekimab, un nuevo tratamiento que podría evitar la inflación tanto cardíaca como renal y con eso reducir la posibilidad de sufrir un nuevo evento cardiovascular.

Postúlate ahora

Participar de un ensayo clínico no tiene costo para el paciente voluntario, quien, en el marco de esta investigación médica, accede a visitas frecuentes con el médico especialista y análisis de laboratorio especificados en el protocolo.

Recuerda completar el formulario para recibir más información acerca de este estudio. También puedes contactarte con nuestro equipo escribiendo un mail a info@unensayoparami.org.

Bibliografía:

Bardají, A. y Martínez Vea, A. Enfermedad renal crónica y corazón. Un continuo evolutivo. Revista Española de Cardiología. 2008. Vol. 61. Núm. S2.Pag 41-51. 

Sarnak MJ, Amann K, Bangalore S et al. Chronic kidney disease and coronary artery disease: JACC state-of-the-art review. J Am Coll Cardiol. 2019;74:1823–38. doi: 10.1016/j.jacc.2019.08.1017

Sosnov J, Lessard D, Goldberg RJ et al. Differential symptoms of acute myocardial infarction in patients with kidney disease: a community-wide perspective. Am J Kidney Dis. 2006;47:378–84. doi: 10.1053/j.ajkd.2005.11.017.Warrens H, Banerjee D, Herzog CA. Cardiovascular Complications of Chronic Kidney Disease: An Introduction. Eur Cardiol. 2022 May 13;17:e13. doi: 10.15420/ecr.2021.54.