por Equipo Comunicaciones

Presente y futuro de la lucha contra el Alzheimer

Última actualización hace 1 semana

¿Por qué es difícil encontrar una cura para esta enfermedad? ¿Cuáles son los tratamientos más comunes en la actualidad? ¿Por qué los ensayos clínicos representan una gran oportunidad para quienes la padecen?

Se está realizando un estudio de investigación para prevenir la progresión de la enfermedad de Alzheimer. En línea con lo enunciado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el marco del G20, que por su carácter epidémico en la población por encima de los 80 años sería necesario encontrar un tratamiento efectivo para 2025, este ensayo está testeando un medicamento de última generación que tiene como objetivo detener el avance progresivo de la enfermedad.

¿Cuáles son las opciones hoy para aquellos que sospechan que podrían estar padeciendo enfermedad de Alzheimer? Fernando Taragano, investigador participante del estudio, y director del Instituto Geriátrico Nuestra Señora de las Nieves, de la Ciudad de Buenos Aires, M. P.: 63205, recomienda que se inicie con un examen de laboratorio para descartar que los síntomas estén relacionados a cuestiones como anemias o problemas de tiroides. En una segunda instancia, propone un estudio cognitivo “que estudia múltiples funciones neuronales, como orientación, memoria, lenguaje, atención, pensamiento o toma de decisiones”, relata el experto. Continúa, siempre de acuerdo a lo expresado por Taragano, una revisión neurológica y psicológica y posibles estudios de neuroimagen, como tomografía o resonancia. “Si estos estudios muestran alteraciones del funcionamiento cognitivo – intelectual, se procede con estudios específicos para valorar el estado metabólico de las neuronas y, más adelante, ya pruebas concretas relacionadas con la enfermedad de Alzheimer”.

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El proceso de diagnóstico puede extenderse hasta tres meses, señala el investigador. “Cuanto antes se la detecte, más oportunidad tiene el paciente para desarrollar tareas productivas para ralentizar la progresión”, indica Taragano. “No se puede detener el avance ni curar la enfermedad, pero sí intentar reducir la velocidad de empeoramiento”, agrega el investigador, quien recomienda, como primera medida, “quitar todas las piedras del camino”. Esto implica modificar “todos los factores de riesgo que sean posibles: la presión arterial, la glucosa en sangre, el sedentarismo, el colesterol, el déficit de vitaminas, la diabetes, los problemas renales o hepáticos, la obesidad, las enfermedades coronarias y el mal funcionamiento de la tiroides, por ejemplo”, enumera el experto. “Si bien ninguno de estos factores es la causa de la enfermedad, la agravan y la aceleran, por lo que es una excelente estrategia quitarlos del camino desde el principio”, concluye Taragano.

Daniel Seinhart, investigador del Hospital Italiano, M. P. 77584, enfatiza por su parte en la importancia del tratamiento farmacológico. “La medicación actual se orienta específicamente a los síntomas exhibidos: si el paciente tiene problemas de memoria, se apunta a resolver específicamente eso; sí la dificultad es que se agita, se le prescribe un tranquilizante; si sufre de delirios, antipsicóticos”. El propio Seinhart aclara que en ningún caso se logra modificar el curso de la enfermedad. “Simplemente, se apunta a controlar los daños de la mejor manera posible”. El investigador ofrece una analogía: “Es como usar un antifebril para tratar una infección: si bien ataca uno de los síntomas, la fiebre, no es un antibiótico que se dirige hacia la fuente del problema para solucionarla”.

“También ayudan los trabajos de estimulación cognitiva, para reconectar las neuronas, y los ejercicios aeróbicos, para oxigenarlas”, aporta Taragano.

La inexistencia de una cura está relacionada con que aún se desconoce qué la produce. “Hay muchas enfermedades que no se sanan, pero que se controlan, como la diabetes o la hipertensión –apunta Taragano-. El problema con el Alzheimer es que al ser progresivo, necesitaríamos frenarlo para poder darle solución”. Ese es el objetivo al que apuntaría este nuevo ensayo científico. Participar es, por lo tanto, una excelente oportunidad para el paciente en particular, que obtiene acceso a un tratamiento único e innovador, y también para la sociedad en general.

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